sábado, 8 de noviembre de 2014

De todas las mujeres que has tenido
que me quieres a mí más que a ninguna
es lo que dices siempre. Sin embargo,
ellas pudieron compartir tu cama,

y a mí me has encerrado en este cuarto
en el que me visitas por las tardes,
me traes dulces y libros, y me hablas
de arte y literatura. Al despedirte

me das un paternal beso en la frente
y así hasta el otro día. Y yo me quedo
sola y me aburro. Y echo en falta un hombre.

Por eso no te extrañes, amor mío,
si vienes a mi celda por sorpresa
y me ves abrazada al carcelero



Día uno sin ti;
Te echo tanto de menos, que en el reloj aún es ayer.

Día dos sin ti;
No salgo de la cama, aún estás conmigo, tan guapa, aunque sea en mis pesadillas.

Día tres sin ti;
No llamas y todo, las canciones mi cama la pena mi pecho tu nombre mi nombre con el tuyo tus fotos mis trozos nuestros restos, comunica.

Día cuatro sin ti;
Me abandonaste a las tres en punto. El reloj lleva cuatro días marcando las tres y cinco.

Día cinco sin ti;
Tu ausencia aplastando mis entrañas, pareciera que han pasado por mi alma noventa años.

Día seis sin ti;
Hoy solo he llorado escuchando a Andrés y leyendo a Ernesto. Voy mejorando.

Día siete sin ti;
Mi madre me ha besado las ojeras y he salido del ataúd que es mi cama sin ti, dejando al lado de la almohada una nota de resurreción.

Día ocho sin ti;
Me he ido a dar un paseo a la playa, ha llovido como si le hubieran roto el corazón al cielo y he comprendido que uno es de donde llora pero siempre querrá ir a donde ríe.

Día nueve sin ti;
No te olvido, pero hoy he vuelto a reír de nuevo y he sentido un anhelo recorfortante al abrir la ventana, como si el aire barriera los fantasmas de mi suelo.

Día diez sin ti;
He dejado de huir porque me he dado cuenta de que soy la unica que me sigue. Tu recuerdo tampoco: se ha quedado atrás. Creo que me acerco a la meta.

Día once sin ti;
Me he olvidado de que te estaba olvidando y te he olvidado.

Día doce sin ti;
He conocido a alguien, soy yo. Voy a darme una oportunidad.



Le dije que era fuerte, cuando en verdad soy más débil. 
Guarda tus consejos que no los oiré.
Puede que tu estés bien pero no me importa.
Hay un millón de razones por las cuales debería renunciar.
Pero el corazón quiere lo que el corazón quiere.


Fuiste tan fugaz que no llegué amarte como hubiera querido. Tu te perdiste un amor incondicional, y yo me salvé de otro suicidio.
El corazón no es de quien lo rompe sino del que lo repara

—Me regaló un libro de cuentos para leerlo cuando no estuviera.
—¿Y entonces por qué lloras ?
—Porque lo voy a comenzar.